
Acompañar un buen almuerzo o cena con una copa de vino no es sólo una cuestión de gusto por caldos blancos o tintos, sino de aportar algo más a nuestro paso por la mesa, y dotar a nuestro cuerpo de elementos que, a la larga, pueden beneficiarnos. El vino cuenta con numerosas propiedades, cuyos beneficios se agolpan por decenas, gracias a los antioxidantes y su riqueza en polifenoles, que aportan a nuestro organismo un particular escudo de protección ante el envejecimiento o enfermedades como el cáncer.
Tanto es así, que en sólo unos años, el conocimiento y cultura en torno al vino se han visto reforzados de forma grandiosa, a partir del gusto por la enología y las vertientes diferentes que han ido surgiendo, con un vínculo directo a estos caldos. Surge, por ejemplo, la opción de vivir experiencias en torno al vino: la vinoterapia que inventasen en Burdeos se extendió rápidamente por Francia, los países mediterráneos como Italia y España… e incluso ha cruzado ya el Atlántico para llegar a lugares como Canadá, donde comienza a ser tendencia.
Hablamos de tratamientos que permiten, a partir de las cualidades del vino, hidratar, tonificar y fortalecer la piel, dotando a nuestro cuerpo con un efecto rejuvenecedor y aportando sensaciones de bienestar difícilmente igualables. Estas sesiones se centran en baños en cubas de cedro con vinos como el Lambrusco, Merlot, Sauvignon o Chianti, a lo que se suma el empleo de la uva como base de diferentes aceites, utilizados para masajes corporales, cremas faciales y corporales, que complementan la sesión.
Siempre supimos que el vino aportaba placer en la mesa, pero es ahora cuando conocemos que sus propiedades son un referente para nuestro organismo, hasta el punto de poder decir: Camarero… ponga en mi mesa una copa de salud, por favor.



